
Santuario de la Virgen de la Playa
A pocos kilómetros de la cabecera municipal de San Pablo, al norte del departamento de Nariño y sobre la vía que conduce hacia Florencia, Cauca, se levanta una de las construcciones religiosas más emblemáticas de la región: el Santuario de la Virgen de La Playa. Su arquitectura de estilo gótico, ubicada junto a la represa del río Mayo y rodeada de formaciones rocosas y naturaleza exuberante, ha convertido este lugar en un punto de encuentro entre la fe, la historia y la identidad cultural de los sampableños.
La historia de este santuario tiene sus raíces en el siglo XIX, cuando un hecho inesperado marcaría el inicio de una profunda devoción popular. Hacia el año 1852, el coronel Manuel Fernández de Córdoba, quien se encontraba huyendo para evitar ser capturado tras participar en actos de rebelión, encontró refugio entre las rocas del lugar. Durante su permanencia en aquel sitio solitario y apartado, decidió pintar sobre la roca una sencilla imagen de la Virgen María con el Niño Jesús en brazos.
Aquella pintura, humilde y rústica, parecía destinada a desaparecer con el paso del tiempo. Sin embargo, los habitantes de la región comenzaron a verla con especial reverencia. Aunque la imagen se fue deteriorando lentamente por la acción del clima y el paso de los años, el lugar empezó a adquirir un significado espiritual para quienes lo visitaban.
Fue hacia 1908 cuando la devoción tomó mayor fuerza. Los fieles, movidos por el respeto y la fe que despertaba la imagen, decidieron construir un pequeño rancho en medio de las rocas para proteger el sitio y permitir que las personas pudieran orar allí. Con el paso del tiempo, comenzaron a llegar peregrinos desde distintos lugares, muchos de ellos convencidos de haber recibido favores y milagros por intercesión de la Virgen. Estas historias se difundieron rápidamente, aumentando la fama del lugar y consolidando la devoción popular.
A comienzos del siglo XX, otro acontecimiento contribuiría de manera decisiva a fortalecer la historia religiosa del municipio. El sacerdote Aquilino Zambrano, consciente del importante trabajo que realizaban las Hermanas Bethlemitas en la educación de las mujeres, solicitó que esta comunidad religiosa estableciera una sede en San Pablo. La petición fue aceptada, y el 18 de noviembre de 1909 las hermanas llegaron al municipio para iniciar su labor educativa y pastoral.
La primera superiora fue la madre Rosa María Guerrero, cuyo nombre quedaría profundamente ligado a la historia del santuario. Según la tradición, el 6 de enero de 1911, mientras se encontraba orando junto a otra religiosa, escuchó en tres ocasiones el sonido de una campanilla. Intrigada por aquel sonido, levantó la mirada y afirmó haber visto claramente la imagen de la Santísima Virgen con el Niño en brazos. Este hecho fue interpretado por muchos como una manifestación milagrosa.
La noticia llegó rápidamente al padre Aquilino Zambrano, quien decidió informar de lo sucedido al arzobispo de Popayán, Manuel Antonio Arboleda. Como parte del procedimiento eclesiástico, se ordenó realizar una investigación. El párroco de Florencia, Lorenzo Moncayo, fue designado como notario eclesiástico para tomar declaración de lo ocurrido. La madre superiora rindió su testimonio el 8 de febrero de 1911, con la presencia del notario público local Primitivo Pabón como secretario.
Tras este acontecimiento, el número de peregrinos aumentó notablemente. Cada vez eran más las personas que acudían al lugar en busca de consuelo espiritual, agradecimiento o esperanza. El pequeño rancho que protegía la imagen ya no era suficiente para recibir a los fieles, por lo que surgió la necesidad de construir una capilla.
Un momento decisivo ocurrió el 25 de agosto de 1926, cuando el arzobispo de Popayán, Maximiliano Crespo, visitó el lugar. Inicialmente negó la autorización para construir el templo; sin embargo, poco tiempo después reconsideró su decisión y, mediante telegrama, autorizó al padre Zambrano a iniciar la obra.
Así, el 24 de julio de 1927, se colocó la primera piedra del templo que con el tiempo se convertiría en el Santuario de Nuestra Señora de La Playa, conocido inicialmente como el santuario de la Virgen de La Peña, ubicado a unos dos kilómetros de la cabecera municipal de San Pablo.
La construcción avanzó lentamente a lo largo de los años, impulsada por la fe y el esfuerzo de la comunidad. Tras la labor del padre Zambrano, los sacerdotes José Guevara y Fontal continuaron con el proyecto. Finalmente, la obra fue concluida el 26 de mayo de 1952, gracias al liderazgo del párroco José Antonio Bolaños, quien desde su llegada en 1940 dedicó gran parte de su energía y recursos a culminar el santuario.
Durante su gestión, el padre Bolaños también impulsó cambios en la denominación de algunos lugares del municipio. Entre ellos, la vereda donde se ubica el santuario pasó de llamarse La Peña a La Playa, nombre que desde entonces identifica tanto al lugar como a la advocación mariana que allí se venera: Nuestra Señora de La Playa, patrona espiritual de los sampableños.
Con el paso del tiempo, la pintura original sobre la roca fue perdiendo nitidez. Ante ello, varios artistas intentaron reproducir la imagen basándose en lo que aún podía observarse. Entre los pintores que realizaron interpretaciones se encuentran Azael Bolaños e Isaac Santacruz.
Una de las representaciones más cercanas a la imagen original fue realizada en 1949 por el pintor Efraín Martínez, quien estudió cuidadosamente los restos de la pintura sobre la roca antes de realizar su obra. Esta imagen permaneció en el lugar durante aproximadamente diez años antes de desaparecer. No obstante, una copia de su trabajo fue conservada en la Arquidiócesis de Popayán.
El diseño del santuario fue realizado por el arquitecto Samuel Chávez, mientras que la construcción estuvo a cargo de Juanito Molina, con la colaboración del maestro ecuatoriano Rosendo Tamayo, así como de Carlos Obando y Ángel Farinango, entre otros trabajadores que aportaron su esfuerzo a la edificación del templo.
La estructura del santuario está compuesta por tres niveles. El primero fue concebido originalmente como un osario, aunque con el tiempo su uso cambió y hoy alberga servicios para los visitantes. El segundo nivel cuenta con un amplio salón que ha sido considerado para la creación de un museo religioso. El tercer nivel corresponde al templo principal, donde se encuentra la imagen de la Virgen.
En la plazoleta del santuario también se encuentra una escultura que representa el encuentro entre Jesús y la Samaritana, obra del artista Maximiliano Vallejo, que complementa el carácter espiritual del lugar.
La imagen que actualmente se venera en el santuario fue elaborada a partir de una copia fotográfica del cuadro realizado por el pintor Isaac Santacruz, con algunas adaptaciones hechas por el propio artista. En ella aparece la Virgen de medio cuerpo con el Niño en brazos. Esta decisión fue tomada hacia finales de la década de 1960, durante el ministerio del padre Francisco Mora, debido a que la pintura original sobre la roca ya no podía apreciarse con claridad.
Uno de los acontecimientos más significativos para la comunidad ocurrió el 16 de junio de 2001, cuando la Virgen de La Playa fue coronada canónicamente con autorización del Vaticano. Este hecho representó un momento histórico para San Pablo y reafirmó la profunda devoción de los fieles hacia su patrona.
En años recientes se han realizado importantes obras de adecuación para mejorar la atención a los peregrinos. Entre ellas se destaca la construcción de la plazoleta del santuario, realizada por iniciativa de los sacerdotes Edmundo España y Efrén Ojeda, inaugurada en 2011 durante la conmemoración de los 100 años de la aparición de la Virgen. Posteriormente, en 2014, el sacerdote José Luis Ortiz promovió la construcción del Lamparario, espacio destinado a albergar las velas que los peregrinos ofrecen como símbolo de fe y gratitud.
Hoy, el Santuario de la Virgen de La Playa continúa siendo un lugar de profunda espiritualidad y tradición. Cada año, miles de peregrinos llegan hasta este rincón del norte de Nariño para agradecer, pedir favores o simplemente encontrarse con un espacio de silencio y esperanza. Así, entre la roca, la historia y la fe del pueblo, la Virgen de La Playa sigue siendo uno de los símbolos más queridos y representativos de la identidad de San Pablo.
Pintura en lienzo de la Virgen de la Playa, por el Payanes Efraín Martínez, 1947, la obra permanece dentro de la casa cural del templo San Pablo apóstol, centro Urbano de San Pablo Nariño. La creación de esta obra fue inspirada luego de escuchar el testimonio de la monja a quien se le apareció la virgen el 6 de enero de 1911.







