

San Pablo, Nariño: un territorio, muchos saberes
Como parte de este proceso de investigación, se logró visitar los cuatro corregimientos del municipio de San Pablo, Nariño, con el propósito de acercarnos a los sabedores locales y conocer de primera mano el conocimiento que han recibido de generaciones anteriores. Este recorrido no fue solo un ejercicio de recolección de datos, sino un verdadero encuentro humano; conversaciones sencillas y cercanas en los hogares de campesinos, adultos mayores y portadores de tradición, quienes abrieron sus puertas y compartieron con generosidad lo que sus padres y abuelos les enseñaron.
A través de estas charlas fue posible identificar cuáles plantas cultivan, conservan y utilizan cotidianamente las familias del territorio, y recoger de viva voz los saberes asociados a su origen, sus nombres tradicionales, sus formas de preparación y los usos que durante generaciones se les han dado para el cuidado de la salud. Cada testimonio recogido es, en sí mismo, un fragmento de memoria: una forma de entender el mundo construida a partir de la observación paciente de la naturaleza y transmitida de boca en boca, sin necesidad de libros ni registros escritos.
Este trabajo de campo permitió construir un inventario de 40 plantas medicinales, resultado tangible de un conocimiento que forma parte del imaginario colectivo de San Pablo y que continúa vigente hoy, siendo aplicado por las comunidades para tratar diversas afecciones y dolencias cotidianas. En el proceso se encontraron notables similitudes en el uso que las comunidades de los distintos corregimientos dan a muchas de estas plantas, lo que confirma la existencia de una memoria compartida que trasciende los límites veredales y conecta a las familias del territorio en torno a una misma sabiduría ancestral.
Sin embargo, la investigación también reveló diferencias significativas entre los corregimientos. Algunas especies ampliamente reconocidas y utilizadas en un lugar resultan desconocidas o poco frecuentes en otro; ciertas plantas están presentes únicamente en determinadas zonas del territorio, de acuerdo con las particularidades del suelo, el clima, la altura y las dinámicas propias de cada vereda. Estas variaciones no son una contradicción, sino una muestra de la riqueza y diversidad del conocimiento tradicional: cada corregimiento ha desarrollado su propia relación con las plantas que la naturaleza le ofrece, adaptando y enriqueciendo un saber común con matices propios.
Estas coincidencias y diferencias reflejan, en conjunto, un patrimonio vivo que se transforma según el territorio, pero que permanece unido por un mismo propósito: cuidar la salud a través de la sabiduría heredada de quienes han sabido leer, respetar y aprovechar lo que la tierra ofrece. Este inventario es, así, una invitación a reconocer, valorar y mantener viva esta memoria colectiva para las generaciones que vienen.
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